Poema III

Nunca sabremos con total certeza
cual fue el ojo de la mirada
que cautivó nuestros sentidos.
 
Tampoco será fácil reconocer
el ojo que condenó a perpetuidad
estos rutinarios actos.
 
Lo que sí corroe con furia
los bajos fondos del alma
es esta libertad a medias
a que nos condujo ciegamente
ese ojo, esa mirada.

Luis Raúl Calvo



   Bajos fondos del alma (2002)    
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