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Esperada difunta
Tu ausencia golpea en mi armadura de fiebre flamante doncella, te
espero día y noche en el balcón de mi morada;
Tomando mi cabeza inclinada hacia tus recuerdos, en actitud desecha y
sin aliento;
...¿Cuántas horas caerán en este desierto?
...¿Cuántas promesas fallidas mutilarán el aprecio
que ha Dios le tengo?
Incomparable dolor es el que sostengo, nunca imaginé el
vacío de tu partida,
Imaginé en cambio la mía, por ser soberbio e
idealista.
La carne se me corta y no siento su podrida envestidura,
...¿Cómo hacer para darte vida amor mío?
...¿Cómo convencerme de tu muerte, si en presencia le
diste vida a este cuerpo moribundo?
Pasa el tiempo y no me presto a lucir mi traje nuevo,
Termina la novedad con mi amargura de antaño, del tiempo en que
te fuiste, ya no la comparto;
En conciencia te confirmo, que no me queda el blanco ni los tonos
alegres. El plomo ahora me asienta y el gris oscuro.
Tus manos, ¡Oh delicadas manos! envueltas con harina y levadura,
se albergan manchadas en mi aguada retina,
Cuando enciendo el tocacinta te escucho danzar en nuestros amplios
jardines;
Hacia allá me dirijo y te contemplo amada mía,
Te ves tan hermosa, tan radiante, que el sol se abre para eclipsar tu
figura.
Mi cama fría te espera, adornada con sábanas de seda para
cubrir tu lozana piel de niña.
...¡Por qué tuviste que abandonar la hoguera de mi alma!
...¡Por qué lo permitiste Dios, por qué!
Sin tan sólo la viera por última vez entregaría mi
vida a quién quisiera pagarla, ya que no me serviría,
como ahora...
...El asombro de tenerla nuevamente, en cambió me
devolvería la razón de ser, de estar; de ver mas
allá...
No tengo claro cuanto tiempo más sobrellevaré tu
pérdida, si estoy
seguro de que si alguna vez te fallé, el dolor de pagar por
ello, se
encarnó en mi pecho y en mi olvido;
Resiste amor mío mi delirio...
Resiste a este desvalido corazón...
Te amo dulce señora, te amo en mi dolor...
José Luis Cárdenas Saldivia |