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El regalo prometido
Célebre música, salió al alma como polvo al viento;
Donde rondaba la melodía, su corte celestial dejaba caer
la serenidad colosal del entusiasmado prisionero en las emociones
ocultas de los indiferentes;
Los pastores del aburrimiento codiciaban su influencia;
Derretíanse en regaños pobres moribundos.
No podrían atenuar dantesca locura;
En orillas del mar silbaba el escabullido rostro de la madrugada,
Con él, participaban los acordes del décimo estribillo,
Algo que buscaban con prolongado desacierto por muchos años,
Rondaba sus mejillas señalando el camino hacia la gloria;
Sentíanse aliviados por momentos de sombra y brumo,
Golpeando sus cabellos contra la maleza circular retenida sobre la
esfera del humo,.
Al son de compases y armonías. Deleites peculiares nunca
asimilados;
Rindieron pleitesía sumergidos en vergüenza a la sonoridad
perpetua,
Obedecieron cada mandato que deliberaban en una tras otra
interpretación;
De pronto, un abismo de silencio presenciaron atónitos,
Agobiados y cansados de perder vuestras paciencias,
Alucinaron ataques con espadas y armadura sobre la infame
creación;
Destilando sangre podrida, por el tiempo, verdugo de sus satisfacciones,
De sus plegarias...
A segundos de fallecer, un eco revierte la agonía sentida por
todos;
Eco que retumba de improvisto frente a su alicaído coraje,
Que suena por despecho y obsesión, lejos en el fondo, y que
resiente el oído nuevo;
Sueños de niño, gustos de adulto.
Por lastimosa pérdida, agradecieron el azaroso tránsito
melodioso... vacuna prematura e inútil...
...La ardiente llama de la mudez,
Habría ya quemado la esperanza de apartarse de sus tribulaciones,
Inertes se mueven a sus labores, olvidándose de que existe
Dios...
José Luis Cárdenas Saldivia |